Baterías: mitos del ayer y realidades del hoy

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En la telefonía móvil le damos muchísima importancia a apartados como la pantalla del dispositivo o su cámara. Por si fuera poco, hasta los colores del mismo parecen incidir directamente en la decisión de compra, de ahí que Apple apueste siempre por colores llamativos y de una amplia gama de variedades en sus modelos. Sin embargo, hay algo que, en conjunción con el procesador y la pantalla, es uno de los puntos más importantes del teléfono: su batería.

Seamos sinceros, «teléfono móvil» quiere decir dinamismo, inquietud y más sinónimos antagonistas del estancamiento en un solo lugar. Es por ello que esa libertad de movimiento, que es a fin de cuentas lo que buscamos con un teléfono móvil, se verá realmente condicionada por el rendimiento de la batería, no de la pantalla o de la cámara, apartado que roza la obsesión en los usuarios.

Antecedentes de las baterías

Empecemos por lo básico, aquella época de móviles con forma de ladrillo que nos parece tan distante pero ciertamente, no han pasado ni 20 años desde que usábamos teclas en pantallas pequeñísimas de enormes píxeles y en blanco y negro. Móviles que aguantaban como si fuesen tanques ante cualquier golpe.

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El mítico Nokia 3310, el terror de los suelos en caso de caída.

Es ente periodo de móviles duros en la que se generaron aquellas anécdotas que siguen persiguiendo al uso de sus descendientes, mitos relativos a realidades de tecnologías que se dejaron en el pasado en aras del progreso hacia mejores terminales.
Es aquí, donde la batería se puede considerar el elemento más perseguido por esas precauciones añejas de antaño.

Cargas largas en baterías

Esto era el pánico de los usuarios. Las baterías antiguas, fabricadas en níquel-cadmio, tenían unas capacidades bastante normalitas si las comparamos con los dispositivos modernos, sin embargo su duración era extremadamente larga y eficiente al seguir con la misma comparativa. Esto se debe a que esos teléfonos antiguos no consumían tanta electricidad para funcionar, sus funciones se limitaban a las necesidades básicas, quizás aquellas que realmente justifican el uso de un teléfono móvil, sin tanta parafernalia de redes sociales y otras aplicaciones cuya productividad y beneficio para el usuario fácilmente pueden quedar en entredicho.

De esta manera, podíamos disfrutar de varios días consecutivos de funcionamiento perfecto de nuestros ladrillos con teclas, pero su recarga era un riesgo del que todos recelaban pues en ese entonces no existía la carga rápida, lo cual obligaba al usuario a mantener durante varias horas el dispositivo enchufado.

Consecuencias de la carga rápida en el pasado

Al igual que en la actualidad, las baterías elevaban su temperatura mientras estuviesen conectadas a una fuente eléctrica, el problema entonces era que la batería seguía intentando absorber el suministro entregado, aún por encima de capacidad, lo cual desembocaba, en casos extremos y más habituales de lo que pueda parecer, efectos negativos.

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Batería de un iPhone 3GS deformada por sobrecalentarse

Entre estos podemos citar la propia avería de las baterías que podían llegar a romperse o funcionar de malas maneras, descargándose o no funcionando directamente. Por otro lado, también pasaba que de vez en cuando las baterías se inflaban, síntoma claro de la última y potencialmente peligrosa consecuencia: la explosión.

Algunas baterías llegaron a reventar por la presión y temperatura que ejercía dentro de las mismas la corriente eléctrica, lo cual desembocó en distintas ocasiones en fatales resultados en función de los elementos que tuviese el dispositivo a su alrededor al momento de reventar.

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Efecto memoria en las baterías

Este defecto no es tan potencialmente grave como el anterior pero sí que afectaba al normal funcionamiento del teléfono. Estamos hablando de un proceso que reducía la capacidad de las baterías como consecuencia de un mantenimiento impreciso por parte del usuario.

Antes, era necesario recargar la batería solamente cuando estuviera en límites muy bajos y así de podía mantener sana. Sin embargo, algunas personas, por no decir una inmensa mayoría no se percató de este hecho hasta que empezaron a surgir las incidencias y raíz de las experiencias ajenas y propias se comenzó a llevar un buen uso de las recargas.

El efecto memoria ocurría cuando se recargaba la batería sin llegar a estar al mínimo. Esto producía en el interior de las baterías un reacción química del níquel con el cadmio a causa del calor. La consecuencia de esta reacción era la creación de cristales en el interior que le restaban eficiencia a este componente, lo cual se grabó en la historia como el efecto memoria, pues los cristales limitaban la potencia de la batería al porcentaje en el que se encontraba cuando se realizó la carga prematura.

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Pila de níquel y cadmio. En casos extremos, la baterías de los móviles podían llegar a tener este aspecto.

Baterías en la actualidad

Hoy en día nos encontramos frente a la dictadura de las baterías de iones de litio. Estas baterías, además de poseer unas propiedades mucho más resistentes que las antiguas, también se complementan con un conveniente sistema de corte de de entrada de energía, es decir, la batería tiene la capacidad de detectar que ya se encuentra nuevamente a su cien por cien por lo que, en respuesta a ello, corta de manera automática el suministro, por lo que no hay riesgo de que la batería se recaliente o llegue a los infartantes resultados que podían producir las baterías y las cargas largas.

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Batería de iones de litio.

De hecho, incluso si la batería posee el sistema de carga rápida, no importará el tiempo que permanezca enchufado. Esta es la explicación a que cuando nos despertamos por la mañana, tras haber dejado toda la noche cargando el móvil por ejemplo, este se encuentra al 100% y frío.

Por otro lado, el efecto memoria es alto totalmente fuera de juego: la composición que construía las baterías era tremendamente volátil a altas temperaturas, además de generar cristales en determinadas situaciones, como hemos explicado anteriormente.

Actualmente el litio, ya sea en forma de polímero o de iones, no sufre esos efectos secundarios ya que las propiedades del litio son mucho menos volátiles, a la vez que la propia estructura de las baterías impide, hasta cierto punto, que la batería se deforme o averíe por una carga prolongada, lo cual está reforzado por el ya citado corte automático.

Mirar atrás y aprender

Sin embargo, tomar en cuenta los problemas del pasado nos puede ayudar para prevenir los problemas del futuro. Si bien no necesitamos esperar a que la batería se descargue totalmente para volver a nutrirla de corriente eléctrica, sí que podemos realizar un mantenimiento que ayude a prolongar su vida útil.

Las baterías sufren estrés en su uso lo cual puede dañar considerablemente la integridad de sus celdas que se ven muchas veces más forzadas de lo que deberían al irse descargando. Es por ello que recomendamos que las cargas de la batería se realicen cuando el dispositivo se encuentra entre el 40 y el 80 por ciento de su capacidad total, pero recuerda que esto no la hará indestructible, sino que mantendrá su eficiencia por más tiempo.

En otras ocasiones, y como una especie de vestigio del efecto memoria, nos encontramos con el móvil nos indique un determinado nivel de batería para luego apagarse repentinamente y de forma inexplicable al porcentaje que podíamos ver. Para controlar este efecto necesitamos realizar la siguiente actividad.

Calibrar la batería

Como hemos dicho, las baterías sufren de estrés cuando se posicionan por debajo del 40% de carga aunque estar por encima del 80 es también un problema según el modelo. Para poder mantenernos en dichos intervalos de carga, necesitamos tener un medidor fiable que nos indique con precisión el restante real de electricidad en almacenamiento. El problema es que dicho medidor puede descalibrarse y tendremos que ser nosotros mismos quienes lo devuelvan a sus parámetros correctos.

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Para disfrutar correctamente de nuestro dispositivo, deberemos tener una medida real del nivel de batería que nos queda en todo momento.
Cómo calibrar la batería

En normas generales, y a excepción de Apple que tiene sus propios trucos, para poder calibrar la batería tendremos que cargar la batería hasta que nos indique estar al 100% y aún cuando nos indique dicho porcentaje, lo dejaremos enchufado un tiempo extra como garantía de que se obtiene el límite de carga.

Posteriormente, utilizaremos el dispositivo hasta que se apague solo, sí, dejarlo por debajo del 1% de batería e ignorar los avisos previos de «batería baja» y apagar para salvar energía. Si quieres, puedes acelerar este proceso aportándole al dispositivo una carga de trabajo más pesada de lo normal. Juegos pesados y contenidos multimedia (películas, series y, en menor medida, música en alta calidad) son los usos que más rápidamente sentencian la carga de la batería.

Tras conseguir que el móvil se apague solo, lo dejaremos apagado y sin darle ningún tipo de uso para que la batería pueda liberar fácilmente la energía residual de la última carga. Por último, recargaremos nuevamente el dispositivo hasta su 100% y nuevamente esperaremos un poco más para asentar correctamente el proceso realizado.

¿Por qué calibrar las baterías?

Esto se debe a que la medición de la carga en la batería se realiza por medio de algoritmos insertos en el sistema operativo del teléfono. Sin embargo, estos algoritmos pueden mutar en función de diferentes factores, principalmente, la temperatura. Como hemos dicho, al recarga la batería del teléfono, la temperatura de esta sube fuertemente lo cual, en cargas mucho más largas de lo normal y que se realicen de manera reiterada, no dañarán la batería pero sí que harán que dichos algoritmos muten y que, por tanto, estimen porcentajes muy distintos a la realidad.

Uno de los puntos positivos de la calibración de batería es que se puede realizar varias veces como una forma de garantizar totalmente la obtención del resultado buscado, aunque desde BeMovil te recomendamos que lo realices cada 2 o 3 meses.